Un nuevo concierto (¿debería cambiar el nombre del blog a "De conciertos y algún que otro libro"?), pasando del country-rock de Micah P. Hinson al pop melódico de Travis.
Tú no vas a un concierto a escuchar música. O al menos no sólo a eso. Por supuesto que quieres oír una buena ejecución musical, pero, idealmente, ésta debe ir acompañada de efectos espectaculares, y de una entrega del grupo que busque la participación del público e interprete diferentes versiones y variaciones en su repertorio; el resultado final: una experiencia global única y memorable, muy diferente a escuchar un disco en el salón de tu casa.
El concierto de Travis en la Riviera cumpió todos esos requisitos. Aunque su estilo musical es demasiado parado y melódico para mi gusto, mis temores de que resultaran empalagosos estaban infundados. La interpretación fue impeclable y algo más cañera que en los discos, con una perfecta combinación de canciones del último tabajo con sus grandes éxitos anteriores.
El espectáculo tampoco faltó, destacando la entrada triunfal desde el público con focos, banda sonora de Rocky y batas de boxeo incluídas, y la solicitud a la gente de que gritara, cantara y saltara, a lo que no opusimos demasiada resistencia.
Lo más curioso fueron las dos versiones tan dispares que tocaron: "...Baby one More Time" de Britney Spears, y "Back in Black" de AC/DC que resultaron muy divertidas, cada una en su estilo.
El único borrón: la organización. En la entrada se prometía un "grupo invitado" (los Bombones, según se anunció en internet) que, por mucho que esperamos, nunca apareció.










