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martes, 20 de diciembre de 2011

Catherine the Great: Portrait of a Woman

Con sus cerca de 80 años, Robert K. Massie vuelve al género biográfico con esta obra maestra, que nos narra de forma amena y exhaustiva la vida de Catalina II de Rusia.

Vemos los orígenes de Sofía--cambio su nombre a Catalina al convertirse al credo ortodoxo--en la nobleza alemana, su infeliz boda con el Gran Duque Pablo y el golpe de estado con el que gano el poder que mantuvo hasta su muerte 34 años después.

Se dibuja una autócrata inteligente y liberal, apasionada e intelectual, que con el paso de los años y el tener que enfrentarse con la realidad política fue abandonando las ideas de la ilustración que tanto le convencieron en su juventud para ir adquiriendo un talante más conservador. Aún así, su legado fue grandioso: amplió su imperio en el sur, ganando una salida al mar Negro, reformó el gobierno ruso, hizo a la iglesia dependiente del Estado, potenció las artes, la educación y la sanidad (gracias a ella se generalizó el uso de la vacuna contra la viruela) y dejó una Rusia mucho más fuerte y moderna que la que se encontró.

El único pero que le pongo al libro es que Massie es a veces demasiado tolerante con las acciones de Catalina, dándole normalmente el beneficio de la duda (por ejemplo, en la muerte en extrañas circunstancias de su marido). Aún así, viendo la fascinación que Catalina ha despertado en este humilde lector durante un mes, es fácil de entender como de cautivado ha debido sentirse el autor al dedicar ocho años preparando esta gloriosa biografía.

10/10

lunes, 16 de agosto de 2010

Nicholas & Alexandra

“In Rasputin’s single, remarkable life, he represents not only the two sides of Russian history, half compassionate and long suffering, half savage and pagan, but the constant struggle in every soul between good and evil”
Escrito en 1967 como la biografía conjunta de Nicolás II, el último zar, y su esposa Alejandra de Hesse, en este libro ya se puede apreciar la maestría literaria e histórica de Robert K. Massie, que luego plasmaría en otras obras maestras como Pedro el Grande: Su Vida y su Obra o Castillos de Acero.

En 1894, al joven y poco preparado Nicolás Romanov...
“He was a man of narrow, special education; of strong and--unfortunately--unchanging conviction; of softspoken, kindly manner; and, underneath, of stubborn courage.”
...le cae el cetro del poder y, sin quererlo, se ve obligado a gobernar de forma autocrática al país más grande del mundo. Ayudado por su fiel Alejandra--con la que, inusualmente para la época, se casó por amor y no por motivos de estado--Nicolás irá curtiéndose en el poder, enfrentándose a situaciones difíciles en el ámbito político (la desastrosa guerra con Japón, la necesidad de crear la Duma con la Revolución de 1905 ante la presión reformista y, como colofón, la Primera Guerra Mundial) y trágicas en lo personal.

Cuando por fin los monarcas, a la quinta, tuvieron un hijo varón, la felicidad fue indescriptible.
“Across Russia, cannons roared, churchbells clanged and flags waved. Alexis was the first male heir born to a reigning Russian Tsar since the seventeen century. It seemed an omen of hope”
Sin embargo, el joven príncipe Alexis resultó ser hemofílico, esa traumática enfermedad genética e incurable, que hace que cualquier pequeño accidente sea una cuestión de vida o muerte (enfermedad compartida por el hijo de Massie, uno de los motivos que le llevaron a escribir este libro).


A partir de ahí vemos como gradualmente Alejandra se va transformando de jovial princesa a endurecida matrona, marcada gravemente por la enfermedad de su hijo:
“When I’m dead, it will not hurt any more, will it mama?”
Una enfermedad que abrió la puerta al inteligente, sibilino, libidinoso y corrupto Rasputin. Este monje con mirada hipnótica y aspecto desaliñado tuve la suerte--o la habilidad--de frenar un episodio especialmente grave de Alexis, se ganó la confianza ciega de la religiosa Alejandra y, poco a poco, se fue abriendo hueco en la corte imperial, hasta que, en plena guerra, llegó a convertir el gobierno ruso en un conjunto de títeres a su servicio.

La Duma pedía constantemente su cabeza, pero Nicolás--siempre escuchando a Alejandra--lo acababa defendiendo. La situación era insostenible, y acabó trágicamente con la Revolución y el final de los 400 años de historia de la dinastía Romanov.

La hemofilia trajo a Raputín, y este fascinante y revulsivo personaje, casi sin quererlo, minó el gobierno desde dentro, y dejó sentadas las bases para que la revolución bolchevique acabara triunfando.

Nicolas y Alejandra es un libro grande, que nos ilustra el lado humano de la vida de unos aparentemente altivos y lejanos monarcas y nos permite entender que la historia no sólo viene marcada por grandes batallas y conquistas.

8/10

viernes, 25 de septiembre de 2009

Caesar: Life of a Colossus

Corría el año 75 AC, y un Julio César de 25 años iba camino de Rodas para estudiar filosofía. Su barco fue apresado por piratas, y César retenido para pedir un rescate a Roma. Cuando se realizó el pago del importe acordado--importe que, para el altivo César, era a todas luces insuficiente; el valía mucho más--César reclutó una flota a título privado, capturó la base pirata y crucificó a los piratas como les había prometido. Está anécdota refleja la personalidad de Cayo Julio César: implacable, osado, orgulloso, eficaz y con una infinita confianza en sí mismo.

Todas estas características nos las muestra con brillantez Adrian Goldsworthy en una biografía muy equilibrada (la biografía definitiva, según los editores de la versión española), centrada en los aspectos militares y políticos pero sin abandonar el lado humano de César: su condición de mujeriego consumado (incluso durante su famosa relación con Cleopatra no desantendió a su mujer Calpurnia ni desaprovechó la oportunidad de adquirir nuevas amantes), su epilepsia y sus facetas de escritor y jurista.

Es en la descripción de las campañas militares cuando Adrian Goldsworthy nos muestra su especialización como historiador militar: detallados diagramas de las secuencias de las batallas, análisis de los (escasos) errores cometidos por César, y siempre con un ojo en las implicaciones estratégicas de victorias y derrotas de uno de los mayores genios militares de la historia, capaz de vencer en condiciones desfavorables aprovechando al máximo las cualidades marciales de sus devotos legionarios

Tirano para uno, genio para otros, Cayo Julio César es un personaje que, incluso 2.000 años después de su muerte, no deja indiferente. Caesar: Life of a Colossus, es una gran aproximación a esta figura tan fundamental en la historia de Occidente.

sábado, 6 de junio de 2009

Pedro el Grande: su vida y su mundo

"En la época de Pedro empezamos a ser ciudadanos del mundo, pero en cierto grado dejamos de ser ciudadanos de Rusia"

Nikolai Karamzin, historiador ruso


A finales del siglo XVII Rusia era considerada por sus contemporáneos europeos como un país exótico y oriental, una especie de Persia congelada. Unas décadas después, esta vasta nación era un imperio europeo en toda regla, con unas armadas y ejército modernos, una pionera academia de la ciencia y una capital, San Petersburgo, que poco tenía que envidiar a sus homólogas occidentales.

Las dificultades con las que partía el gigantón Pyotr Alexeyevich Romanov (Pedro) eran legión: una iglesia ortodoxa tradicionalista y retrograda, un ejercito medieval, una armada inexistente, una burocracia ineficiente y corrupta (esto parece que no ha cambiado demasiado) y enemigos al sur (el imperio Otomano) y al este (Polonia).

Con una minuciosa ambientación y gran detallismo (a veces exagerado), Robert K. Massie nos va relatando de forma amena --más que una biografía de 900 páginas parece que estamos leyendo una trepidante novela histórica--como Pedro va superando uno a uno los obstáculos que se ponían en su camino. Y en el proceso vamos conociendo las costumbres de la realeza de la época, la dureza de la vida en Rusia, cómo eran las ciudades que marcaron la vida de Pedro--Paris, Viena, Amsterdam, Moscú, San Petersburgo--y cómo eran los personajes fundamentales de la época.


Los sacrificios que hizo padecer a sus súbditos son difíciles de entender en nuestros días. En algunos aspectos, como el uso de trabajos forzados de sus propios ciudadanos para fundar San Petersburgo con la muerte cerca de 130.000 personas, el propio Stalin estaría orgulloso. Esta mano dura también la usó para romper el desafío de la Iglesia Ortodoxa, subordinando el patriarcado a la autoridad imperial y llegando a fundir hasta una cuarta parte de las campanas de las iglesias rusas para construir cañones (un hombre muy práctico, este Pedro).

Dos hitos definieron su reinado: La Gran Embajada, en 1697, viajando "de incógnito" (no muy sutilmente) a Occidente durante 18 meses y llegando incluso a trabajar en astilleros en Holanda e Inglaterra. Su pasión por el mar y por la ciencia se afianzaron definitivamente en este viaje. Pasión a la que pudo dar salida gracias a La Gran Guerra del Norte contra Suecia--gobernada por el archienemigo de Pedro, el obstinado y arrogante Carlos XII--cuando, superando derrotas y sacrificando aún más a su sufrido pueblo, ganó grandes regiones del báltico para Rusia permitiéndole así fundar San Petersburgo y tener un puerto marítimo funcional durante buena parte del año.


A medida que avanzamos en la lectura vamos conociendo a un Pedro contradictorio: vigoroso y enfermizo, cariñoso e irascible, intelectual y manitas. Como muchos de sus paisanos (como dice Massie en un pasaje del libro, "estar borracho es una característica esencial de la hospitalidad rusa"), el zar tenía un punto débil con el alcohol: "sólo queda una botella de vodka. No sé que voy a a hacer" escribió a Catalina, la zarina, desde Calais.

Pero sobre todo vemos a un Pedro curioso, muy curioso, siempre ansioso por conocer el funcionamiento de todo lo que le rodeaba y como podría aplicarse para el bien de Rusia. Y es que, en el fondo, la gran protagonista del libro es Rusia, más contradictoria si cabe que el zar que la modernizo. Una Rusia alcóholica y militarista, corrupta y orgullosa, siempre mirando de reojo a Occidente. Pero una Rusia que

"...is a stern land with a harsh climate, but few travelers can forget its deep appeal, and no Russian ever finds peace in his soul anywhere else on earth"

y que no es difícil reconocer en el país putiniano de nuestros días.

lunes, 25 de febrero de 2008

La vida y la época de Felipe II

A cualquier amante de la historia de España obligatoriamente le interesará la figura de Felipe II, el monarca que dirigió el país en su momento de mayor esplendor imperial. Sus decisiones políticas originaron que España se convirtiera en la más poderosa potencia militar de la época, así como el inicio de una decadencia que sólo en los últimos decenios ha cambiado de curso.

La vida y la época de Felipe II es una pequeña biografía sobre el heredero de Carlos I, escrita de forma amena e imparcial por José Tomás Cabot.

Felipe II nació en 1527 en Valladolid, y estaba destinado a heredar el trono imperial de su padre, Carlos I. Éste, le aconsejaba así como debería reinar:

"...sed tranquilo y mesurado. No hagáis nunca nada bajo los efectos de la cólera..."

Al alcanzar el trono en 1556, el joven Felipe tenía una ardua tarea por delante: mantener el legado de su padre en Italia y los Países Bajos, luchar contra la corriente reformista que sufría el cristianismo, moderar el creciente poder de los Otomanos y conservar y aumentar los dominios de ultramar. Todo ello enfrascado en la eterna pelea con las siempre hostiles Francia e Inglaterra.

Aunque conocida, no deja de impactar la importancia de la diplomacia familiar de la época --un matrimonio servía más para determinar las fronteras y las relaciones internacionales que las interminables guerras continentales: Felipe II estuvo casado con la reina de Inglaterra y con la hija del rey de Francia. También estuvo casado con su sobrina, Ana de Austria (en aquella época tristemente se desconocían los efectos de la consanguiniedad, lo que padecerían los pobres súbditos de los Austrias menores en el siglo XVII).

Las enormes cantidades de metales preciosos con las que llegaban cargados los galeones de las Indias se destinaban casi en su totalidad a pagar a un ejército de mercenarios, que, si bien logró importantes victorias como la batalla de Lepanto o la de San Quintín, no puede decirse que éstas redundaran mas que en algo de gloria y un derroche continuo de vidas y plata.

Cabot nos dibuja a un hombre solitario, desconfiado, inteligente, rencoroso, trabajador, detallista y obsesionado por conocer lo que hacían todos sus aliados y rivales. No supo escoger demasiado bien a sus consejeros (por ejemplo, la mano dura del intolerante Duque de Alba aceleró la hostilidad y resentimiento de los Países Bajos), e incluso recurrió al asesinato de su asesor Escobedo a sangre fría.

El libro se lee muy a gusto, y sólo se echa en falta más contenido sobre las Indias y la política colonial (sólo se tratan como fuente de metales preciosos).

Felipe II poco antes de morir en 1598, al igual que había hecho su padre, le entregó una serie de consejos a su hijo, el debilucho Felipe III:


"Oír misa todos los días..., frecuentar los sacramentos de la penitencia y la eucaristía al menos una vez por semana..., recogerse en la meditación dos horas cada día y hacer examen de conciencia todas las noches..., defender la religión aun a costa de perder el trono..."

Pobres españoles. Que malos siglos os esperaban...