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viernes, 9 de diciembre de 2011

Soldados de Salamina

En los últimos coletazos de la Guerra Civil, el dirigente de la Falange Sánchez Mazas consigue escapar in-extremis del pelotón de fusilamiento. En su huida, es avistado por un soldado republicano que, tras mirarlo a los ojos, le deja marchar.

Este evento central es la excusa que utiliza Javier Cercas para hablarnos de la guerra, la literatura y el paso del tiempo. Y lo hace con profundidad, precisión, y sentimiento, llamando a escena a personajes ilustres como Bolaño o Sánchez Ferlosio y conformando una obra difícil de catalogar, entre novela histórica, biografía y relato real que se lee en un rato, pero imagino tardará en olvidarse.

7/10

sábado, 19 de noviembre de 2011

Corsarios de Levante

Quinta entrega de las Aventuras del Capitán Alatriste, que esta vez pasea toledana y vizcaina a lo largo y ancho del Mediterraneo.

Como con los otros libros, lo mejor es la puesta en escena y la recreación de una época y unos lugares muy interesantes y relativamente desconocidos (mucho se suele hablar del papel de España en América, Italia o Flandes, pero poco de su presencia en el Norte de África).

Es en este entorno dónde se desarrolla el escaso argumento de la novela, una sucesión de aventuras inconexas que sirven como excusa para que Reverte nos demuestre su control del lenguaje y su excelente documentación. Aún así, es una lectura fácil y entretenida con la que se puede echar un buen rato.

6/10

domingo, 9 de octubre de 2011

La Noche de los Tiempos

Nunca me había leído ningún libro de Antonio Muñoz Molina, uno de nuestros escritores más prestigiosos, y esa lamentable ausencia la he decidido llenar con La Noche de los Tiempos.

La decisión no ha sido del todo acertada.

Y no es que me haya disgustado el libro, al contrario: la novela está muy bien escrita y su longitud (cerca de 1.000 páginas) y argumento (historia de amor en los preámbulos de la  Guerra Civil) no resultan tan intimidantes como en principio pudiera creerse.

Pero no es una lectura fácil, y definitivamente no es una buena introducción a un escritor. Aún así, una vez perdido en el hiptnotismo de las frases eternas de Muñoz Molina no hay marcha atrás, y otros libros (preferiblemente más cortos) suyos pronto pasarán a formar parte de la estantería de libros pendientes.

7/10

lunes, 7 de marzo de 2011

Dublinesca

Samuel Riba es un editor jubilado, a punto de cumplir los 60 y que--aparte de pasar todo el día navegando por internet--no sabe muy bien que hacer con su vida. De un sueño le surge la idea de viajar a Dublín en el Bloomsday, homenajear a Joyce y hacer un funeral por la muerte de la era Guttemberg en la literatura:
“Un funeral no sólo por el mundo destruido de la edición literaria, sino también por el mundo de los escritores verdaderos y los lectores con talento, por todo lo que se echa en falta hoy en día.”
Introspectiva, melancólica, algo depresiva, la última novela de Vila-Matas es--pese a todo--una lectura agradable y emotiva, con un sentido del humor oscuro y cínico, que disfrutarán más los fanáticos de Joyce (entre los que, por desconocimiento y falta de voluntad, no me incluyo) pero que aún así tiene mucho que aportar quienes nos gusta la literatura en general.

6/10

martes, 18 de marzo de 2008

La Feria de los Discretos

"Todo daba una impresión de letargo profundo...Las casas blancas, azules, amarillas, de rosa pálido, de crema, cerradas herméticamente, parecían abandonadas; los zaguanes, regados, chorreaban agua; se olía vagamente a flores, y un perfume penetrante de azahar salía de los patios y de los huertos."

Quintín regresa a su Córdoba natal después de haber estado estudiando en Eton, Inglaterra. Allí encuentra una ciudad que no ha cambiado desde su conflictiva infancia. Sin trabajo ni pretensiones de trabajar...
"si alguna vez llegaba a ser rico, preferiría deber su dinero a la casualidad que no al esfuerzo constante, y que trabajar, como hacían los ingleses, para que sus mujeres se divirtieran y vivieran bien, era una tontería, por muy rubias, por muy bonitas y por mucha voz aflautada que tuviesen."
...Quintín se codea con toda la chusma de la ciudad por garitos y tabernas: el Manano, el Sardino, el Rano, el Animero, Bocanegra, el Ahorcado...intentando labrarse un futuro mediante timos y triquiñuelas.

Erudito, ingenioso, holgazán, dubitativo, bravucón, Quintín se nos dibuja como un personaje ambiguo, difícil de calar. Pese a todo, el lector se acaba encariñando, aunque sólo sea para perderse con él en los intrincados callejones cordobeses, magistralmente descritos por Pío Baroja:

"...la cancela destacaba sus labrados y flores de hierro sobre la claridad brillante de un patio espléndido, de sueño, con arcos en derredor y jardineras colgadas desde el techo de los corredores, y en medio de una taza de mármol, un surtidor de agua cristalina se elevaba en el aire."
La Feria de los Discretos es un libro raro. Al igual que su protagonista, no sabes muy bien por donde te puede salir. A veces parece que estamos ante una novela costumbrista con un deje melancólico (recordando a otras obras del autor como El Árbol de la Ciencia); otras veces, en cambio, uno tiene la impresión de estar leyendo una mezcla entre El Lazarillo de Tormes y Zalacaín el Aventurero, todo picardía, acción y conspiración.

Lo que nunca falta es un soberbio uso del lenguaje, especialmente en la descripción de los personajes con minuciosos detalles, convirtiendo a una veintena de palabras en personas tangibles:

"Era este señor un hombre obeso, una especie de cachalote, con las facciones abultadas, propias de un hidrópico; la piel reluciente y la voz de eunuco. Tenía una nariz microscópica, que naufragaba entre los dos mofletes, de una palidez amarillenta; unas patillas de boca de hacha tan negras que parecían pintadas con tinta, y un pelo duro, azulado, nacido sobre la frente, con un pico sobre las cejas. Llevaba brillantes en la pechera, sortijas en los dedos amorcillados y, para acabar de ser molesto, fumaba un puro kilométrico con su correspondiente anilla"
La brillante forma de escribir de Baroja, junto con la satisfacción de ver como una historia se desenvuelve en tu ciudad natal descrita con tanto acierto, ya son atractivos más que suficientes para que el libro me gustara. Si a ésto unimos un argumento ingenioso y divertido —aunque algo errático— y unos personajes muy humanos, no queda otra alternativa que rendirse ante la evidencia. La feria de los discretos es un libro imprescindible si te gusta la buena literatura y la forma de escribir de uno de los más ilustres representantes de la generación del 98.