
El hecho de tener un protagonista soviético le da un toque de originalidad y exotismo a la historia, y nos permite conocer una sociedad muy estratificada donde los crímenes se ocultan y el beneficio de los miembros del partido es mucho más importante que el que se haga justicia.
Pese a todo, Martin Cruz Smith muestra un profundo conocimiento de--y afecto por--la Rusia soviética, y los americanos, el FBI y la CIA tienen tantas posibilidades de ser los malos de la película como los aparatichks bolcheviques o la propia KGB.
Aunque a veces la historia se complica y puede resultar difícil seguirla si estás varios días seguidos sin leer, la experiencia global es gratificante. Volveré a leer las andanzas de Arkady Renko.
7/10