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jueves, 6 de enero de 2011

¿Por qué leemos?

Quien siga este blog sabe que soy un fanático de la lectura. No veo la tele, y cuando tengo cinco minutos de tiempo libre, saco el kindle--o el libro de turno--y me pongo a leer.

¿Por qué? ¿A qué viene esta compulsión por conocer historias? ¿Por qué leemos?

A esta pregunta contesta con maestría Mario Vargas Llosa en su discurso como ganador del premio Nobel. Aquí van algunas de sus perlas, no tiene desperdicio:

“gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas.”
“Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.”
“la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.”
Por último, concluye:

“Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”

domingo, 16 de noviembre de 2008

¡Por fin!


Año tras año, cuando las hojas amarillean y sacamos la bufanda del armario, llega ese momento mágico esperado por todos los españoles:

—¿Las luces de Navidad?

—¿La eliminación del Madrid de la copa?

—¿El cumpleaños de la reina?

No. Me refiero a la lotería de Navidad.

Sin necesidad de mirar a los árboles te das cuenta de que ha llegado esa fecha señalada cuando tu filtro antispam no es capaz de detectar correos de este estilo:

From: empresa
To: empleados
Subject: lotería

Ya tenemos el número de este año. Decidme cuantos décimos queréis cada uno...


From: cliente
To: empleados
Subject: lotería
Hemos reservado el número XXXXX. Quien quiera comprar que se llegue por el despacho XXX

From: colega
To: colegas
Subject: lotería
Como el año pasado, vamos a montar una peña para comprar lotería. Apuntad vuestro número en el excel adjunto. ¡Este año seguro que toca!

Como dicen aquí,

"si jugamos un billete de lotería en el premio de Navidad, la probabilidad de que nos toque el gordo es de 1 entre 14 millones y medio (170 series x 85.000 billetes)"

Sé que racionalmente no está justificado, pero una y otra vez acabo recurriendo al mismo argumento: "claro, luego toca aquí y a mi se me queda la cara de gilipollas". Mi cerebro me dice que no, pero la envidia (o el temor a la misma) es infinitamente más poderosa (por lo menos en mi caso). Es lo que llamo la "compra defensiva".

Pues bien, este año no. Este año no voy a comprar. No.

He dicho que no.

Eso es.

Bueno ya he escrito bastante; os dejo que me voy al bar de la esquina, que me pareció ver que tenían participaciones...

martes, 16 de septiembre de 2008

Las novelas más divertidas de la historia

Hoy en Paper Cuts (estás suscrito, ¿no?) han sacado una lista con las novelas más graciosas de la historia, según los editores del famoso Book Review del New York Times.

El primer libro es “Lucky Jim” de Kinsley Amis. Luego David Lodge, Carl Hiaasen, Richard Russo y Michael Chabon.

Para mi deshonra no me he leído nada de ninguno de esos autores (aunque tengo un par de libros de Lodge que me ha dejado mi hermano en la estantería de pendientes). Mi primera reacción ha sido irme a Amazon, y añadir "Lucky Jim" a mi carrito de la compra. Se supone que esta gente del NYT sabe de lo que habla, así que les daré el beneficio de la duda.

Luego me he puesto a pensar, intentando sacar una lista propia y, la verdad, me ha costado lo suyo. No son la ciencia ficción y la novela histórica géneros que abunden en la comedia. Así que lo dejo en una mini lista, con las tres novelas con las que más me he reído:
  1. Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams
  2. El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza
  3. El fantasma de Canterville de Oscar Wilde
¿Cuales son las tuyas?


Actualización: me he leído Lucky Jim, y está a la altura de su posición en la lista. Muy recomendable.

jueves, 17 de abril de 2008

¿Nos quedamos sin cerveza?


En este artículo (gracias Zelloss por la referencia), se dice que con el cambio climático es posible que la cerveza desaparezca.

Antes de bajar al supermercado a hacer acopios, reflexionemos un poco. Evidentemente, el calor puede reducir la producción de cebada; otros factores no mencionados en el artículo como el desvío de tierras agrícolas hacia la producción de biocombustibles también puede influir negativamente. Todo esto, si no cambiase nada, podría hacer que se cumpliese el catstrofista escenario pintado en el artículo: desaparición de la cerveza en 30 años, o precios radicalmente más altos.

Puede que la sociedad global no se movilice ante la visión de idílicas islas del pacífico siendo inundadas por el creciente nivel del mar; o que la extinción del oso polar nos deje indiferentes. Incluso las hambrunas en países del Tercer Mundo por cambios en los patrones de lluvias y subidas de temperaturas nos preocupan sólo de boquilla. Pero, ¿cual sería la respuesta de la gente si le cobraran 15 euros (o 50) por una cerveza? El caos resultante sería terrible, con el consiguiente impacto sobre el proceso democrático y el comportamiento de nuestros políticos. Seguro que se tomarían el asunto en serio y se implementarían medidas drásticas para reducir las emisiones y paliar el calentamiento global.

Noticias así son necesarias para que por fin se pase a la acción. ¿El cambio climático nos puede dejar sin capacidad de practicar el sexo en sólo unas décadas? Si hay por ahí algún científico que sea capaz de demostrarlo, ya tenemos arreglado el problema...

jueves, 28 de febrero de 2008

Microrrelatos

La escuela de escritores organiza junto con la cadena Ser un concurso de microrrelatos. Las reglas son muy sencillas: cada semana, se participa con un relato de no más de 100 palabras, empezando por la última frase del relato de la semana anterior.

Parece divertido, ¿no? . Para que os hagáis una idea, esta semana se empieza con "No hasta que por fin me haya mordido.". Y sin más preámbulos, hay va mi minicreación, un tanto ida de olla:
No hasta que por fin me haya mordido.
No hasta que escuche el familiar chasquido de sus blancos y puntiagudos colmillos al perforar mi yugular.
No hasta que note el efecto narcótico de su saliva fluyendo por mis venas.
No hasta que recupere mi compostura y pueda volver a pensar.

Entonces, cuando su sed esté saciada y el sopor empiece a adueñarse de su diabólico ser, se lo diré:

—Margoth, quería decirte una cosilla...
—ummmm?
—es muy importante, de verdad.
—quieres dejameeeé doormiiiiir.
—Es que...tengo el SIDA.
—Umn, ¿QUEEEEEEEEE?
—Anda, espabila un poco y pasamé una tirita.
No me van a dar el Planeta, pero me he reído mucho escribiéndolo. ¿Te unes la semana que viene?

sábado, 22 de septiembre de 2007

Cumpleaños

Hoy cumplo 36 años (has leído bien, treintaiséis).
Y para celebrar que llego a tan magna edad en plenitud física y en la cima de mi sexapil (aunque puede que un poco tokado mentalmente), te invito a una cañita -no a una clara, no a una cocacola light; a una cañita- la próxima vez que nos veamos y las circunstancias lo permitan.

Sólo hay una condición: que me pongas un comentario felicitándome.
El primer comentario puntúa doble.

NOTA: si lees esto después del evento, no te preocupes. Pon un comentario simpático, y la cañita es tuya.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Despertar

La luz me despierta. Entumecido, me pregunto: ¿Qué día es? ¿Dónde estoy?

Instintivamente alargo el brazo hacia la mesita de noche, en busca de las gafas. Tanteo, tanteo y no están. Mi mano se topa con el despertador, que agarro y acerco a 10 centímetros de mi nariz para poder ver la hora.

Abro los ojos.

Entonces recuerdo: el aséptico olor a betadine y alcohol, los fantasmagóricos juegos de luces y colores, los uniformes verdes, el pip pip pip del monitor del pulso...

Alejo el despertador y veo la hora. Miro hacia la ventana y puedo discernir uno a uno los agujeros de la persiana a través de los que pasa la luz del sol. Aprecio los pliegos de las cortinas, y las texturas de las paredes y el armario.

Ha empezado un nuevo día.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Sueños de infanticidio

Llegué a mi asiento, saqué mi lectura y me senté, preparado para un apacible viaje después del ajetreado fin de semana en la playa. El plan era leer un ratillo, y dormir el resto del viaje para reponer fuerzas antes de empezar la semana.

Entonces la vi.

Se sentaba enfrente mía, muy guapa, con su pelito rubio y cara angelical. Debía tener unos cuatro años, e iba acompañada de su madre.

-"Mamá, mamá, queda mucho?"
-"Pero hija, ¡si todavía no hemos salido!"

Es sorprendente como unos pulmones tan pequeños son capaces de generar un ruido tan infernal. Viendo lo que se avecinaba, preparé el iPod con The Gossip para contrarrestar, e intenté centrarme en la lectura. Iluso.

Anunciaron la película del día: Noche en el Museo. "Estupendo", pensé, "a ver si se relaja viendo la peli" . Al rato comprendí que los niños pasan por una etapa en la que aprenden el vocabulario básico, y claro, quieren practicar:

"¡Un cameello!"

"¡Mami, mami, un rinoceronte!"

Abandoné el libro y cerré los ojos, resignado. Daba vueltas en mi cabeza a posibles formas dolorosas de matar a una niña con un mínimo de ruido. "Unm, no tengo acceso a un tanque de agua, ni tampoco esparadr"

-"¿Faalta muucho?", dijo la criatura interrumpiendo mi hilo de pensamiento,
-"Cuando acabe la película llegamos a Madrid"

Respiré hondo, e intenté relajarme pensando en soluciones prácticas al problema. "Vamos a ser constructivos" me dije. Me vino a la mente un artículo que había leído hace unos años en The Economist, donde proponían delimitar zonas libres de niños en los aviones.

"maami, la peli se ha acabado, ¿Estamos en Madrid?"

La solución sería perfecta: hacer la clase "Niñato" (por supuesto, la más cara) y habilitar un vagón especial, insonorizado y lo más aislado posible donde los niños (con sus desafortunados padres, claro) estarían obligados a viajar.

Con la solución en mente, y con los Gossip a todo volumen, consigo relajarme y dormitar un poco. Por fin...

"Bienvenidos a Madrid-Puerta de Atocha. No olviden recoger sus efectos personales..."

viernes, 15 de junio de 2007

Crazy Busy


He estado escuchando un podcast que me ha hecho pensar. Se trata de una entrevista a Edward Hallowell, autor del libro Crazy Busy. Su tesis es que estamos demasiado ocupados con internet, los móviles, etc, etc, y esto nos ocasiona una sobrecarga cerebral que nos impide pensar en profundidad. Cada vez dedicamos más tiempo a más actividades de forma superficial, intentando funcionar de forma "multitarea", pero el cerebro humano no es capaz de pensar así.

Somos víctimas de nuestro propio entusiasmo y curiosidad que nos hace querer consumir más y más información, pero sin llegar a asimilarla completamente. Sin embargo, para poder pensar de forma medio creativa es necesario tener la mente despejada y sin interrupciones.

Yo me identifico plenamente con el problema, aunque no tanto por el email, el teléfono y las responsabilidades del trabajo, sino más bien por las obligaciones auto impuestas. Quien siga este blog se dará cuenta de que estoy bastante ocupado, y en gran parte por ocupaciones forzadas por mi mismo: quiero aprender a cocinar, leer más y más (libros, revistas, blogs...), la música, el trabajo, el gym, los podcasts y por supuesto mantener un mínimo de vida social (y encima quiero blogear sobre todo ello). Es como si tuviera una compulsiva obligación de tener siempre ocupado el cerebro.

¿La solución? por lo que he entendido en la entrevista, tenemos que disciplinarnos a priorizar nuestro tiempo de forma que nos dediquemos a lo que más nos satisfaga y se nos dé mejor, e intentar delegar o dejar de hacer las cosas menos importantes, olvidándonos de querer hacer todo a la vez y deprisa. Parece de Perogrullo. Supongo que subconscientemente sé que es un problema, y creo que algunas medidas de autodisciplina que estoy tomando como blogear (se supone que pienso lo que escribo), ir al gym (y no usar el ipod mientras entreno), e incluso el curso de cocina (dicen que cocinar relaja) van por el buen camino.

Claro, otra alternativa es comprarme el libro, y seguir aumentando la estantería de libros pendientes...